José Miguel Arancibia Romero

Profesor de Artes Musicales del Pedagógico y pos grado de filosofía en U Chile.

Educación y Producción…una reflexión necesaria.

De manera muy generalizada, se cree que la reflexión puede dar cuenta de todos los objetos posibles de existencia; al intercalar el término existente, abrimos el radio mismo de la reflexión, es decir, entendemos por ello tanto los objetos que se nos presentan como además aquellos que pueden ser concebidos. Esta sutil distinción será capital para una reflexión que no rehúya de un análisis social, sino que pueda iluminar a ese objeto. Sin embargo, las lógicas en las cuales se nos presenta esta última nunca permanecen inalterables; ellas no son un documento quieto, mientras la reflexión pide, desde sí misma, una detención o un lugar de estar al menos provisorio para desplegarse. En este sentido, un objeto de reflexión que se afinque en lo social, ha de elegir un medio de presentación que, por un lado, no se alce tozudamente queriendo agarrar este objeto de un “solo golpe” pero, por otro, le exija al pensamiento una movilidad viva que reconozca en lo social la lógica reflexiva por la que se desplaza. Elijamos tan sólo un ejemplo contingente de nuestra actualidad para verificar esta relación y qué servicios nos pudiera prestar.

 

Cuando se afirma que la educación chilena se ha convertido en la ilusión de la producción, queremos recalcar con ello no simplemente el contexto desde el cual emerge, sino más bien aquello que tras su imagen oculta. Sabemos que la educación pública y semi particular se rige a partir de una Reforma Educativa que se consolida en los años de la Concertación; reforma que, si bien reconoce en teoría nuevos paradigmas socio históricos (la irrupción de las modernas tecnologías al diario vivir es tan sólo la exterioridad menos relevante), en el fondo sobre-vive a partir de un modelo económico mercantilista. Un breve contexto epocal basta para observar este fenómeno: ya en los años de reconstrucción institucional de la Dictadura, una reforma educativa era una necesidad –y por lógica, una realidad- que no podía ser subestimada por el sistema neoliberal; éste se percata que el mercado no ha de limitarse a su esfera puramente económica: debe convertirse en el mecanismo regulador de todas las instancias sociales1. La dirección modernizadora es fruto de aquellas instancias, las que serán recogidas en los documentos que anteceden a la reforma misma. Su marco jurídico –es decir, la legitimación política- descansa en la Ley Orgánica Constitucional de la Enseñanza (LOCE), uno de los últimos trámites administrativos impuestos por la Dictadura. La cita que a continuación expondremos, muestra ya el espíritu y las intenciones que se persiguen en este modelo de producción:

 

“La globalización de la economía exige a los países elevar su competitividad, y la educación ha pasado a considerarse uno de los factores claves para incrementar la productividad y para agregar valor a los productos de exportación”2.

 

Si la educación es la ilusión (o el espejo) de este modelo de producción, sus trazas y terminologías económicas pueblan todos los decretos y leyes que regulan a la educación (basta pensar la reiterada utilización de términos como recursos humanos, competitividad, insumos, manejo de incertidumbre, etc., terminologías heredadas del modelo neoliberal impuesto, y las que – a la postre - no son definidas dentro de ningún contexto3). Pero hay más; en el mentado documento existen una serie de requerimientos que la educación hace suya. Uno de ellos es claramente instrumental – especialización del aparato productivo humano4.

 

La ingenua defensa que adopta el economicista educador – y los educadores que la reproducen - respecto a este modelo de producción, consiste en encontrarla ya de por sí positiva, como una especie de fortalecimiento en tanto a política pública y, a la vez como vehículo de entrada a los mercados internacionales. Preguntémonos entonces ¿a cuáles fines está orientada esta producción? La pregunta así planteada obliga a la reflexión a establecer una distancia con este modelo productivo, en circunstancias que sus fines no se interrogan respecto de las necesidades “reales” que padecen las comunidades, precisamente porque su construcción no nace de ellas. El espejo de la producción no sería otra cosa que el consabido santo y seña de la nueva administración gubernamental, donde se pretende consolidar el “lucro” económico en tanto continuador de las políticas educativas heredadas.

 

Poco importa el signo que revista a la producción, si a ésta la abordamos de manera compulsiva, o sea, como mera razón instrumental. El economicista cree estar hablándonos de lo racional cuando apela a las estadísticas, los cálculos, la mercancía y su plusvalía...y, sin embargo, bastará darnos cuenta a quiénes está protegiendo esta producción para determinar su irracionalidad. La producción no se encuentra al servicio de la educación, de la mercancía y ni siquiera de sí misma: está al servicio de la propia estructura sociopolítica que ha manejado los destinos de este país. De esta forma, la educación –a través de su actual normativa -, está diseñada para re-producir el orden económico y social productivo, por medio de la formación de buenos trabajadores y buenos ciudadanos.

 

Pero la reflexión en torno a la producción y educación no puede quedar en este punto crítico, sin antes realizar un esfuerzo de cara al nuevo escenario o abertura que las movilizaciones estudiantiles han puesto ante sus ojos. Hegel dice, en algún lugar, que la necesidad no sólo ha de ser reconocida, sino más importante aún, debe ser comprendida. Y es una especie de “comprensión” necesaria la que mueve íntimamente a las nuevas generaciones juveniles en sus demandas opositoras al modelo de producción establecido.5 Por lo demás, el escenario actual en materia educativa es bastante amplio; aún las brechas sociales determinan, en no pocos casos, las formas en que el conflicto educativo se nos exhibe, unas veces más radical y en otras, de manera más consensuada. Unido a ello, las otras fuerzas productivas de la sociedad (sindicatos, empresas, servicios) parecen “colgarse” de esta coyuntura, sin cuestionarse siquiera respecto a sus propias formas de organización, aún lineales y jerárquicas – es decir, bajo el hechizo del modelo de producción en que funciona la sociedad.6 Pese a estas realidades, la reflexión puede comprender la significación de un movimiento estudiantil – hecho claramente de existencia social – en tanto que éste ha abierto un debate que trasciende el marco educativo, puesto que sus prácticas y producciones hasta ahora no tienen el consenso de una comunidad que las legitime, es decir, haya tenido participación real en la toma de decisiones que les afecta directamente. Tan sólo para graficar este hecho bastaría citar el acuerdo que diversas organizaciones estudiantiles, sindicales y sociales adscribieron en la Toma de la Casa Central de la Universidad de Chile, a fines de julio de este año, acordando un “llamamiento a que las demandas ciudadanas movilizadas en los últimos meses se resuelvan en un plebiscito vinculante que conduzca a una Asamblea Constituyente y un cambio en la Constitución.”7 El pensamiento, de todos modos, debe revisar esta coyuntura como signo o, mejor aún, síntoma que le permita a la reflexión pasar del comentario a una praxis permanente, sin que por ello busque un lugar privado de recogimiento. Claramente, la modificación de las formas de producción no será posible mientras las fuerzas productivas en su conjunto no reflexionen acerca de lo posible y se estanquen en lo puramente fáctico de la producción que rige nuestras formas de vida. En este sentido la educación, de cara a la reflexión, asume una nueva significación en tanto agente de transformación permanente que quiere abrir y abrirse espacios a la comunidad. Hacer de lo posible, acto mismo de soberanía. La reflexión, poco dada a los vaticinios en materia de un análisis social, descubre en esta realidad un campo íntimamente suyo, una práctica si se quiere, no exenta de riesgos. Pervive la reflexión precisamente en esa voluntad unida a las exigencias que la educación y la producción en su conjunto le reclaman, sobre todo cuando en cuestiones de índole social, la reflexión exige ser compartida, difundida, expresada. Porque la relación más necesaria entre educación y producción compromete la participación de todos los agentes que, de una u otra manera, persiguen la modificación de las formas de pensar y hacer de lo posible una realidad. Recordar así, que el mismo pensamiento constructor de ideas en los cerebros de los hombres es también quien construye sus vías férreas (Marx).

 

 

Septiembre de 2011.

 

"Educación y producción" Para Auka por José Miguel Arancibia Romero, profesor de Artes Musicales del pedagógico y pos grado de filosofía en U Chile.



1 Transformaciones educacionales bajo el Régimen Militar. PIIE. Santiago. Chile. Vol. 1. 1984. Con ello, se prueba la idea inicial de que las relaciones sociales se condicionan por las relaciones de producción allí existentes. La producción, en este sentido, reproduce un status quo afín a los mecanismos que regulan el modelo neoliberal. La municipalización de establecimientos públicos, la proliferación de universidades de carácter privado y las nuevas mallas curriculares obedecen al fortalecimiento de este modelo de producción.

2 AA. VV: Los desafíos de la Educación Chilena frente al siglo XXI. Editorial Universitaria. Santiago. Chile. 1994. Como se sabe, este documento fue base ideológica para la redacción de las dos reformas educativas.

3 Arancibia, José Miguel: El término Educación Artística. Relación comparativa entre la Reforma Educacional y el Proyecto de la Modernidad. Tesis de grado. UMCE. 2000.

4 “Los Objetivos Fundamentales y Contenidos Mínimos Obligatorios (...) han sido formulados respondiendo a tres tipos de requerimientos: las necesidades de actualización, reorientación y enriquecimiento curriculares que se derivan de cambios acelerados en el conocimiento y en la sociedad, y del propósito de ofrecer a alumnos y alumnas unos conocimientos, unas habilidades y unas actitudes, relevantes para su vida como personas, ciudadanos y trabajadores, así como para el desarrollo económico, social y político del país”.

Decreto N ° 220 de Educación. Diario Oficial de la República de Chile. 1998.

5 A partir de variadas formas de comunicación, es posible observar contextos reales de organización estudiantil y los móviles por los cuales éstos asumen una movilización interna y un sistema de convocatoria singular, desplazada de los canales usuales. En este sentido, las publicaciones independientes en formato escrito y plataformas digitales juegan un rol no menor que favorecen o exigen otras formas de establecer ideas, acontecimientos públicos y modelos de organización, asumiendo otra manera de entender la producción educativa que el sistema neoliberal busca implementar.

6 Walter Benjamin tiene una muy buena expresión para este fenómeno, expresando que actitud tal sería como “pertrechar el aparato de producción, sin modificarlo”. Y agrega: “(…) representa un comportamiento sumamente impugnable, si los materiales con los que se abastece dicho aparato parecen ser de naturaleza revolucionaria.”(Benjamin, W: El autor como productor. Op. Cit. P. 125. 1990). En nuestro contexto, su traducción sería: la movilización estudiantil ha puesto en vilo no sólo la mera producción de lo educativo, porque parece comprender que sólo modificaciones reales que comprometen lo directamente político pueden garantizar no sólo el cese del conflicto, sino más vital aún, generar otras formas de producción política, comunicativa, culturales y de asistencia social.

7 Becerra, Mauricio: El Plebiscito que se viene, en periódico El Ciudadano, Nº 108, Agosto del 2011,. El periodista agrega esta importante nota: “En definitiva, el movimiento estudiantil logró, entre muchas cosas, instalar el tema del plebiscito como mecanismo para dirimir asuntos públicos y sociales de la mayor importancia.”

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Comentarios: 1
  • #1

    denunciactiva (lunes, 12 septiembre 2011 14:35)

    en terminos generales, es obvio que un modelo economico bajo el que vivimos refuerza las becesidades de incrementar el sistema educativo para proveer a la economia de mejores elementos en la produccion, lamentablemente y como aquellos que reflexionamos en torno a nuestra proyeccion persona, colectiva e ideologica debemos luchar porque la educacion sea una herramienta de mejora en el conocimiento y en el desarrollo de las capacidades de las personas, no que sean obreros calificados , sino, que sean gente que esta orientada al desarrollo comunitario a reivindicar sus derechos, coordinar organizaciones sociales para el mejoramiento de su calidad de vida, entre otros.
    El presidente dijo que la educacion era un bien de consumo y no esta equivocado. Por eso la lucha debe mantebnerse por modificar el paradigma educativo chileno.

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